Sheijuu. [Español]
Extra Shaara 1: A dónde va el agua.
# Extra Shaara: 1
## A dónde va el agua
El arroyo sonaba distinto.
Shaara lo notó antes de llegar a la orilla, con las cantimploras colgando del hombro y el frío de la mañana pegado a los tobillos. Había aprendido a leer el agua como otros aprenden a leer una cara: no con la mente, sino con el cuerpo, con esa atención que no se enseña y que un día simplemente está. Los ríos de la aldea hablaban deprisa, con un parloteo constante contra las piedras. Este caminaba sin ganas, como quien sigue andando porque no sabe qué otra cosa hacer.
Se arrodilló en la orilla y hundió la primera cantimplora.
Detrás, el campamento empezaba a despertar entre toses y crujidos de mantas. Alguien reavivaba el fuego. Kaider, a juzgar por el ruido, protestaba contra la mañana sin abrir los ojos. Shaara dejó que los sonidos se alejaran y se quedó un momento a solas con el agua, sin hacer nada.
No pensaba en el pilar.
Pensaba en la noche.
No había planeado apoyar la cabeza en su hombro. Eso era lo curioso. Lo había hecho como se hace un gesto que el cuerpo lleva tiempo ensayando en secreto, sin consultar a nadie. Y él no se había apartado ni había dicho nada. Se había quedado quieto, respirando despacio, como si temiera que el menor movimiento rompiera algo.
Pero lo que le había dado vueltas toda la noche no era el gesto. Era la respuesta de antes. Ella le había preguntado si tenía miedo esperando un «no» automático, ese que los soldados daban a todo, y él había mirado el fuego y había dicho *sí*, sin adornos. Algo en ella se había aflojado de golpe.
Sacó la cantimplora llena y sostuvo el agua unos segundos. Pensando en que decirle. En si decir algo o no.
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En el río de la aldea, una mañana de niebla en la que Sheijuu hacía girar hojas secas con una seña de la mano, una y otra vez, con esa precisión de soldado que mide todo dos veces. Estaba caminando hacia su puesto de observación personal.
—¿Por qué haces la seña?
—Así se hace.
—Así se hacía donde aprendiste. —Se había sentado en su roca, con los pies colgando sobre el agua—. Prueba sin ella.
—No funciona así.
—Todavía.
Él había levantado esa ceja suya, la que levantaba cuando sospechaba que le tomaban el pelo. Pero lo intentó. Hizo girar las hojas sin la seña, con el ceño tan fruncido que parecía cargar una piedra, y las hojas temblaron, se alzaron un palmo y cayeron.
—No le expliques cómo —dijo Shaara—. Nunca le has explicado a tu pie cómo caminar. Solo le dices adónde vas.
—El pie no tiene dudas.
—Tú tampoco, cuando dejas de pensar.
Sheijuu se había quedado en silencio, mirando las hojas en el suelo, y ella supo que lo estaba guardando todo, cada palabra, para desmontarlo después y volver a armarlo a solas, como hacía con todo. No lo entendería hoy ni mañana. Quizá tardaría años. A ella le parecía bien. Le gustaba imaginar el día en que lo entendiera, y estar allí para verlo.
Ahora, de rodillas junto a un arroyo que ya no tenía prisa, levantó una mano y quiso mover una hebra de agua. Lo hizo como había hecho todo desde niña, sin esfuerzo.
El agua tardó.
Fue apenas un instante, menos de lo que dura un parpadeo, pero fue la primera vez en su vida que tuvo que *pensar* cómo. Sintió al cuerpo buscando los pasos, la presión, la dirección, todo lo que siempre había hecho sin mirar. Y entendió, con una claridad incómoda, cómo debía de sentirse él cada día: tener que construir el camino mientras se camina.
Se quedó con la mano en alto hasta que el agua obedeció.
—¿Todo bien?
No lo había oído llegar. Sheijuu estaba a unos pasos, con la capa sin atar y el pelo revuelto por un sueño que no había tenido, mirándola con aquella manera suya de preguntar sin preguntar.
—Sí —dijo ella—. El agua está lenta.
—Lo noté.
—¿También tú?
—Suena distinto.
Eso era todo. Y era bastante.
Shaara asintió y le tendió una cantimplora. Él la tomó. Sus dedos se rozaron un segundo, apenas, y ninguno mencionó la noche anterior. Hablaron del frío, de la distancia que faltaba, de si Kaider llegaría a desayunar con los ojos abiertos. Algunas cosas, pensó ella, todavía no necesitaban palabras.
Mientras llenaban el resto, el arroyo siguió bajando entre las piedras, despacio, hacia donde bajan todos los ríos. Hacia el mar. Ese lugar que ella no había visto nunca, y que algún día, se prometió otra vez en silencio, vería.
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**Fin del Extra Shaara: 1**
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