Sheijuu. [Español]

Capitulo 52: Noches de fuego.

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# Capítulo 52

## Noches de fuego

Día 341 — 11 meses desde la partida de Sadoku

El bosque se abrió finalmente después de dos días de caminata constante, y la llanura se extendió frente a Sheijuu como un mar de hierba dorada que se movía con el viento en ondas lentas y rítmicas. No había árboles en aquel lugar, ni siquiera los arbustos retorcidos que habían salpicado el borde del bosque durante los últimos kilómetros. Solo hierba, hasta donde alcanzaba la vista, y un cielo tan despejado que resultaba casi ofensivo después de semanas bajo la sombra constante de las copas gigantes.

El viento tenía una calidad distinta aquí. Más limpio. Menos cargado de humedad y de los olores densos de la vegetación en descomposición. Y más pobre: la Escencia ambiental, que en el bosque le había llegado a los pies como una corriente, aquí era apenas un hilo. Sheijuu inhaló profundamente, dejando que el aire le llenara los pulmones con una sensación que no había experimentado desde los primeros días del archipiélago, cuando el mar y el cielo se encontraban sin nada que los separara.

—Esto es lo que necesitabas —dijo Majull.

—¿Para qué?

—Para aprender a usar la gravedad en ti mismo para algo más que viajar en línea recta.

Hizo la pausa que siempre precedía a las explicaciones que de verdad importaban.

—Sabes moverte en el espacio porque el Vacío te permite comprimir distancias. Sabes flotar, caer con control, detenerte en el aire. Todo eso lo aprendiste en poco más de dos meses de entrenamiento en Sadoku. Pero eso es viajar. Combatir en el aire es saber hacer todo lo demás mientras te mueves: atacar, desviar, cambiar de dirección sin aviso. Los Primordiales lo hacen por instinto. Tú todavía tienes que aprender a pensarlo.

Sheijuu activó el Vacío y sintió la gravedad aflojarse alrededor de su cuerpo, como una mano que dejaba de presionar. Se elevó unos metros sobre la hierba.

—Ya sé volar.

—Sabes flotar. Lo que no sabes hacer es esto.

El espacio delante de Sheijuu se deformó ligeramente, y una corriente de aire comprimido pasó a su lado con la violencia de algo que no había sido lanzado sino creado en el mismo lugar. Sheijuu se movió, pero no lo suficiente. El borde le rozó el hombro y lo hizo girar, y cuando recuperó el control sintió el ardor de la fricción en la ropa.

—¿Qué fue eso? —preguntó. Después, más despacio—: Eso salió de mi Escencia.

—La necesaria —respondió Majull—. Es todo lo que puedo hacer ahora que tienes tu Escencia de nuevo cerca del máximo. Un ataque de área básico. No necesita apuntar a un objetivo concreto. Solo necesita ocupar espacio y obligar a quien está en él a moverse. Los Primordiales usan variaciones de esto para controlar el campo de batalla antes de que el combate cuerpo a cuerpo empiece siquiera.

Sheijuu se quedó quieto en el aire un momento, repasando lo ocurrido. A lo lejos, una manada de criaturas parecidas a ciervos, con espinas en los talones y cuernos que se bifurcaban en tres puntas, pastaba con la lentitud de animales sin depredadores. Más arriba, casi en el horizonte, algo mucho más grande describía círculos sobre las corrientes térmicas sin mover un solo músculo.

—Bien. Muéstrame cómo se hace.

El primer intento fue torpe. Concentró Escencia en la palma derecha y el resultado fue un golpe de viento que se dispersó a medio metro de su mano.

—No estás comprimiendo lo suficiente. Piensa en la Escencia como agua que pasa por una abertura cada vez más pequeña. Si no la aprietas, se esparce. Si la aprietas demasiado rápido, explota. Tienes que encontrar el punto medio.

Lo encontró a media tarde, cuando consiguió lanzar una corriente en la dirección deseada mientras se desplazaba de lado, sin belleza ni precisión, pero funcionando. Majull le pidió entonces que lo hiciera hacia abajo, como si sobrevolara a un enemigo, y Sheijuu giró la palma hacia la hierba. La corriente impactó con una violencia que no esperaba y arrancó un bloque de tierra de varios metros de ancho.

—¡Majull!

—Bien. Tienes más fuerza de la que crees.

—¡No iba a ser tan grande!

—Pero ahora sabes que puedes. Y si la próxima vez quieres que sea más pequeña, usa menos Escencia. El control es más importante que la fuerza bruta. Siempre.

Sheijuu asintió. Sabía que tenía razón, aunque una parte de él, la misma que llevaba meses acumulando rabia contenida y que desde la noche del sueño ya no era solo rabia, quería saltarse los pasos y llegar directamente a la destrucción masiva.

—Otra vez —dijo, elevándose de nuevo.

---

Esa noche encendió un fuego pequeño con ramas secas que había traído del último tramo del bosque. No lo necesitaba, o no del todo; la llanura era fría de noche, pero no tanto. El vacío del espacio era muchísimo más frío. Lo encendió igual, como quien enciende algo para tener un lugar donde mirar.

—Los Nahru no habrían nombrado este sitio todavía —dijo, sin que nadie preguntara, y se dio cuenta de que llevaba un rato queriendo decirlo.

—¿Por qué?

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—Porque no se nombran los lugares por donde están. Se nombran por lo que te dieron la primera vez que llegaste. —Removió las brasas con una rama—. Shaara decía que un nombre es una deuda. Si un sitio te dio agua, le debes un nombre de agua. Si te dio miedo, uno de miedo. Si no te dio nada, no se le llama de ninguna forma, y eso también es una respuesta.

—¿Y este?

—Todavía no me ha dado nada.

—Un cielo despejado y ningún enemigo en cientos de kilómetros —dijo Majull—. Hay quien lo consideraría un regalo.

Sheijuu no contestó. Se quedó mirando la oscuridad de la llanura un rato más de lo necesario, como quien revisa una cuenta que no termina de cuadrar.

—Mañana el cráter será más pequeño —dijo Majull, al cabo de un rato.

—Eso espero.

—Te he dicho que lo será.

Sheijuu casi sonrió. Casi. Después dejó que el fuego se fuera apagando solo.

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El tercer día lanzaba corrientes de aire comprimido en cualquier dirección mientras se movía. El cuarto ya no tenía que mirarse las manos para saber hacia dónde apuntaban. El quinto, a media tarde, Majull dejó de avisar.

No dijo nada. No hubo deformación del aire ni ninguna señal que Sheijuu pudiera ver. Pero a unos doscientos metros, la manada de criaturas de espinas en los talones levantó la cabeza a la vez, todas hacia el este, y la hierba bajo ellas se inclinó contra el viento.

Sheijuu se movió sin pensarlo.

La corriente pasó exactamente por donde había estado su pecho un segundo antes.

—Tarde —dijo Majull—. Pero esquivaste.

—Las criaturas lo notaron antes que yo.

—Las criaturas llevan toda la vida vigilando lo que las mata. Tú llevas poco más de un año aprendiendo a hacerlo.

Esa noche, el fuego estaba más bajo. Desde donde se sentaba se veía la manada, un grupo oscuro entre la hierba, durmiendo en círculo. Los del borde miraban hacia fuera. Los del centro tenían la cabeza baja. Cada cierto tiempo, sin ninguna señal visible, dos de los de fuera se movían hacia dentro y dos de los de dentro tomaban su sitio.

—¿Cómo se llaman?

—No tienen nombre que yo conozca. —Majull tardó un momento—. Les pondré uno, cuando termine de observarlas.

—Está bien.

Sheijuu removió las brasas.

—Shaara contaba que su abuela decía que el bosque siempre avisa antes de que algo cambie —dijo—. Que uno solo tiene que aprender a escucharlo. Yo creía que eran cosas de gente de campo.

—Y ahora has visto a una manada levantar la cabeza segundos antes de que yo te atacara.

—La llanura también avisa.

—Todo avisa. Lo difícil es no tener la mente tan llena que no puedas oírlo. —Una pausa—. Esa abuela tenía razón.

Sheijuu no dijo nada.

—Mañana esquivarás dos —dijo Majull.

—¿Y si no?

—Entonces será pasado mañana. —Una pausa—. Empiezo a lamentar no haber conocido a esa abuela.

Sheijuu soltó un resoplido que, en otro momento, habría sido una risa.

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El séptimo día, Majull introdujo la segunda fase.

—Ahora vas a combinar el vuelo con técnicas que ya conoces. Los pinchos del suelo, la esfera de detonación pura. Todo desde el aire, todo mientras te mueves.

—Ya sé hacer los pinchos desde las palmas.

—Eso no es suficiente. No puedes estar siempre encima del enemigo. Tienes que poder lanzarlos a distancia, desde el aire, mientras el enemigo está en el suelo y tú estás a decenas de metros.

Tenía que ser su propia Escencia. La del suelo de aquella llanura apenas alcanzaba para sostener la hierba, a diferencia del bosque, donde los pinchos habían salido de lo que el suelo prestaba. Pero Sheijuu llevaba semanas practicándolos con la suya, en las pausas entre sesiones, sin que Majull tuviera que pedírselo, porque no todos los lugares iban a tener un suelo generoso.

Se elevó quince metros, apuntó la palma hacia abajo y concentró la Escencia. Por un momento no ocurrió nada. Luego la tierra debajo de él se tensó y un pincho de tierra y roca emergió con violencia, alcanzando casi la mitad de la altura desde la que volaba.

—Demasiado alto. Baja el objetivo. Y no uses tanta Escencia. Estás haciendo un pico de cinco metros cuando con uno y medio habría bastado.

—¿Cómo sé cuánto usar?

—Ahora mismo estás midiendo a ojo. Dentro de unos meses no necesitarás medir.

El siguiente intento, ya en movimiento, fue un desastre: el pincho salió varios metros desplazado y con un retraso que lo volvía inútil.

—Lo estás pensando como algo separado de ti. No lo es. No pienses en «lanzar» la Escencia. Piensa en «sostener» el suelo. Una cosa es un acto que haces una vez. La otra es una conexión continua que mantienes mientras te mueves.

Sheijuu se detuvo a media altura. Había tratado el pincho como una técnica que se ejecuta y se suelta. Lo que Majull proponía se parecía más a lo que hacía con la gravedad: una relación constante con el entorno. Lo intentó de nuevo, y esta vez extendió la Escencia hacia el suelo como una raíz que crecía desde su mano, y mientras avanzaba, la raíz avanzó con él.

—Ahora —dijo Majull.

Tensó la conexión y el pincho emergió exactamente debajo de él, en el punto que había mantenido durante todo el movimiento.

—Así. Ahora empiezas a entenderlo.

Esa noche no hablaron mucho. El fuego se consumió sin que nadie lo avivara.

—Hoy has entendido algo que a casi nadie le explican con palabras —dijo Majull, cuando Sheijuu ya parecía dormido—. Mañana lo habrás olvidado un poco. Es normal. Se recupera con el hábito.

Sheijuu no contestó. Majull tampoco insistió.

---

El décimo día, Sheijuu ya podía lanzar pinchos mientras se movía a velocidad moderada, aunque todavía con cierta imprecisión. Las corrientes eran consistentes y podía mantener el vuelo durante horas sin esfuerzo perceptible.

—Ha sido un buen progreso —dijo Majull, al anochecer—. Pero hay una cosa más que debes saber.

Sheijuu aterrizó suavemente sobre la hierba y esperó.

—Lo que has aprendido aquí es la base. Las corrientes, los pinchos a distancia, el vuelo de combate. Te servirá contra cualquier enemigo que no tenga runas despiertas. Pero contra alguien que sí las tenga, necesitarás más. Necesitarás poder escalar estas técnicas sin perder precisión.

—¿Hasta dónde?

—Hasta donde tu control te lleve. Puedes hacer que una corriente de aire comprimido tenga el tamaño de un puño o el de una montaña. Pinchos que salgan del suelo como agujas o que se eleven como lanzas de varios metros. Todo depende de cuánto control tengas, no de cuánta Escencia.

Sheijuu pensó en el cráter del primer día, y en cómo había aprendido a reducirlo a fragmentos pequeños a lo largo de la semana.

—Con suficiente control, podrías crear ondas de choque que atraviesen formaciones rocosas enteras. Podrías agrietar el suelo en un radio de cientos de metros. Pero eso no es para ahora. Eso es para cuando hayas dominado lo que estás aprendiendo ahora.

El viento nocturno empezó a mover la hierba con más fuerza, y las primeras estrellas aparecieron sobre la llanura.

—Descansa. Mañana empezaremos con la integración. Las técnicas que has aprendido por separado tendrás que hacerlas funcionar juntas. En combate real no tendrás tiempo de elegir cuál usar. Tendrás que usarlas todas al mismo tiempo.

Sheijuu asintió, pero su mente ya se había desplazado hacia otro lugar. Encendió el fuego una vez más, aunque la noche era tibia, y se quedó mirando las llamas.

—Has avanzado más rápido de lo que esperaba —dijo Majull. Hizo una pausa más larga que las anteriores—. Mañana empezará lo difícil.

Sheijuu no respondió.

—¿Hay algo que ronde tu mente? Estás medio ido —preguntó Majull, notando el alejamiento mental de Sheijuu, que se encontraba con la vista perdida en el fuego.

—No...

—Bueno. Entonces no insistiré.

—Mejor así.

Pensó en la criatura de la mancha oscura, que no había vuelto a aparecer. Pensó en el río, en la aldea, en el color exacto de los ojos de Shaara. Pensó en un nombre que todavía no tenía.

No hizo más que pensar.

Se quedó sentado sobre la hierba, sintió el viento en la cara y esperó a que llegara el día siguiente.

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*Fin del Capítulo 52.*

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