Sheijuu. [Español]

Capitulo 40: El primero.

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Capítulo 40

El primero

El primer golpe llegó antes de que Sheijuu terminara de procesar que el Primordial había dejado de estar donde estaba.

No hubo señal previa. No hubo tensión en la postura, no hubo desplazamiento de peso, ninguno de los indicadores físicos que los combatientes experimentados aprenden a leer antes de que el movimiento ocurra. El Primordial simplemente dejó de estar a veinte metros y apareció pegado a él, con una velocidad que convirtió el espacio entre ambos en algo que no había existido. El golpe llegó al estómago con una fuerza que no correspondía al tamaño del movimiento que lo había generado.

Sheijuu salió despedido hacia atrás. La roca muerta del planeta se rompió en tres puntos distintos mientras su cuerpo la atravesaba, cada impacto sucesivo más sordo que el anterior porque el dolor de los primeros ocupaba toda la atención disponible. Cuando finalmente se detuvo, de espaldas contra una roca gris, el mundo tardó varios segundos en dejar de girar.

Escupió sangre. Se incorporó.

El Primordial seguía exactamente donde había empezado, como si nunca se hubiera movido, observándolo con aquellos ojos blancos que no revelaban ninguna emoción particular. Ni satisfacción ni decepción. Solo evaluación continua, el mismo proceso frío y metódico que probablemente aplicaba a todo lo que encontraba.

—Demasiado rápido —dijo Majull, con una voz que no intentaba suavizar la evidencia.

—Ya me di cuenta.

Sheijuu se limpió la sangre de la comisura con el dorso de la mano y evaluó el daño. Costillas dañadas, probablemente dos o tres. Nada roto de forma irreparable, nada que impidiera moverse, pero sí suficiente para que cada respiración profunda fuera un recordatorio constante de que aquel ser operaba en una categoría diferente a la del Primordial que había matado meses atrás. Aquello había ocurrido en mitad de una transformación descontrolada, con una Escencia que no era suya del todo y que no controlaba. Esto era diferente. Esto era él, con lo que realmente tenía, y lo que realmente tenía no era suficiente para ese nivel de velocidad.

El Primordial desapareció de nuevo.

Esta vez Sheijuu no esperó a ver de dónde venía. Saltó hacia un lado, y el golpe que habría llegado a su cabeza impactó contra la roca donde había estado medio segundo antes, generando una onda que levantó fragmentos de piedra en todas las direcciones. Sheijuu aterrizó, giró, y tuvo al Primordial en su campo de visión mientras este terminaba el movimiento de ataque.

Era suficiente.

Desenvainó la katana y atacó.

La distancia era demasiada para alcanzarlo con el filo, pero no era eso lo que buscaba. Canalizó Escencia a través del acero en el mismo movimiento, convirtiendo el corte en una instrucción en lugar de un simple gesto, y una cuchilla de aire comprimido salió disparada hacia el Primordial con suficiente velocidad para que esquivarla requiriera atención real. El Primordial la esquivó, por supuesto, con la misma fluidez sin esfuerzo de todo lo anterior, pero durante el medio segundo que tardó en hacerlo no estuvo atacando, y ese medio segundo fue lo que Sheijuu necesitaba para recalibrar.

Observó. Procesó. Buscó el patrón.

Todos los combatientes tenían patrones, incluso los que creían no tenerlos. Era uno de los principios más básicos que había aprendido en el ejército, tan fundamental que había dejado de pensarlo conscientemente hacía años, convirtiéndose en algo que simplemente ocurría mientras peleaba. El Primordial era rápido, extraordinariamente rápido, pero la velocidad en sí misma no era aleatoria. Cada aparición ocurría desde un ángulo que maximizaba el daño potencial, lo que significaba que podía predecirse parcialmente si se entendía qué ángulo consideraba óptimo en cada posición.

Problema: para cuando Sheijuu procesaba la posición actual del Primordial, este ya había cambiado de posición.

—Necesito ralentizarlo —dijo, más para sí mismo que para Majull.

—O anticiparte más.

—¿Puedes ayudarme a predecir el siguiente movimiento?

—Puedo intentarlo. Su Escencia se desplaza justo antes de que él lo haga. Muy brevemente. Si extiendes el Ojo del Vacío y buscas ese desplazamiento en lugar de buscar su posición física, tendrás quizás una fracción de segundo adicional.

Era poco. Pero era algo.

—¿Y si el patrón cambia? —preguntó Sheijuu, sin dejar de moverse, reposicionándose constantemente para no ofrecer un blanco fijo—. Si nota que estoy leyendo el desplazamiento, puede empezar a fingirlo.

—Puede. Todavía no lo ha hecho, lo cual sugiere que o no lo ha considerado, o no lo considera necesario todavía. Ninguna de las dos opciones te favorece a largo plazo, así que aprovecha la ventana mientras exista.

El Primordial atacó de nuevo, tres veces en rápida sucesión desde ángulos diferentes, y Sheijuu absorbió dos de los impactos porque el nuevo método todavía no era instintivo y requería un nivel de atención dividida que su cuerpo no había aprendido a sostener bajo presión. El primero le abrió la ceja izquierda, un corte limpio que empezó a sangrar de inmediato y le nubló parcialmente la visión de ese lado. El segundo lo alcanzó en el costado, un golpe que sintió romperse algo más, aunque no tuvo tiempo de determinar qué. El tercer golpe lo esquivó por completo, detectando el desplazamiento de Escencia que Majull le había descrito con suficiente anticipación para que su cuerpo reaccionara antes de que su mente terminara de procesar la información.

Stolen story; please report.

El Primordial se detuvo.

Se detuvo de verdad, no para evaluar sino porque algo había cambiado en la ecuación y lo estaba procesando. Sheijuu aprovechó el momento. No para retirarse, ni para buscar una ventaja posicional, sino para hacer lo único que su cuerpo, saturado de dolor y de información nueva a partes iguales, todavía sabía hacer sin dudar: atacar directamente, cerrando la distancia con la katana por delante, apostando el resto del intercambio a un solo movimiento limpio en lugar de a una serie de golpes que ya sabía que no podría sostener.

El Primordial reaccionó a tiempo. Aunque no completamente. El filo le abrió una línea superficial en el antebrazo, la primera marca visible que Sheijuu conseguía dejarle, delgada y ya cerrándose mientras la sangre —oscura, casi negra, distinta de cualquier cosa que Sheijuu hubiera visto salir de un cuerpo— se evaporaba en el aire sin atmósfera antes de llegar a gotear.

El Primordial miró el corte. Después lo miró a él.

—Eso no debería haber pasado —dijo, y por primera vez la neutralidad de su voz tuvo una grieta diminuta, algo que no era exactamente sorpresa pero que tampoco era indiferencia.

Sheijuu ajustó un poco su posición, desplazándose con medio paso hacia la derecha.

El Primordial no respondió con palabras. Respondió desapareciendo y apareciendo de nuevo a dos metros, con una velocidad que ya no parecía moderada sino genuinamente puesta a prueba por primera vez, y el golpe que lanzó llevaba una intención distinta a los anteriores: no evaluación, no juego. Algo más cercano a corregir un error.

Sheijuu lo recibió en el antebrazo izquierdo en lugar de esquivarlo, una decisión deliberada y no un fallo de reflejos: el hueso absorbió el impacto con un crujido que sintió más que oyó, pero el brazo mantuvo la posición el tiempo suficiente para que la mano derecha, libre y ya cargada de Escencia, completara un corte ascendente que el Primordial no había considerado dentro de las opciones disponibles en ese intercambio. No fue un golpe limpio. La katana apenas lo rozó en las costillas, un contacto superficial que no debería haber importado.

Pero importó.

El Primordial retrocedió dos pasos completos, algo que no había hecho hasta ese momento, y se llevó una mano al costado con un gesto que no correspondía del todo a dolor pero tampoco era indiferencia.

—Estás intercambiando daño a propósito —dijo, y esta vez la neutralidad de su voz sonó ligeramente forzada—. Aceptas el golpe que sabes que vas a recibir para colocar el que quieres dar.

—Funciona.

—Funciona una vez. Quizás dos. Tu cuerpo no va a sostener ese intercambio indefinidamente, y ambos lo sabemos.

Era cierto, y Sheijuu no se molestó en negarlo. El brazo izquierdo ya no respondía con la misma fuerza que antes del golpe, una pérdida de funcionalidad que iba a costarle en los siguientes intercambios, pero la información que había ganado —que el Primordial podía sorprenderse, que existían ángulos que no tenía catalogados de antemano— valía más que un brazo funcionando al cien por ciento. Era la clase de cálculo que solo tenía sentido en mitad de un combate donde perder no era una opción que pudiera permitirse considerar con demasiado detalle.

Concentró Escencia bruta en la palma libre y la liberó contra el suelo en el instante exacto del siguiente ataque, no como ofensiva sino como distracción, levantando una nube densa de fragmentos de roca pulverizada que interrumpió por un instante la línea de visión directa entre ambos. No funcionó perfectamente. La nube se disipó casi de inmediato, barrida por el propio desplazamiento del Primordial al moverse a través de ella, pero el instante que ganó fue suficiente para que Sheijuu pudiera cambiar de mano la katana y, en la palma que quedaba libre concentrar Escencia para luego comenzar a girarla.

La esfera de detonación pura.

La formó de forma incompleta, más pequeña de lo que sería en condiciones óptimas, inestable en los bordes porque la concentración necesaria para mantenerla competía con la concentración necesaria para seguir rastreando al Primordial con el Ojo del Vacío. Pero giró. Y el Primordial, cuando apareció a dos metros para el siguiente ataque, la vio girar y evaluó lo que veía durante exactamente el tiempo que Sheijuu necesitaba.

Lanzó la esfera.

No directamente hacia el Primordial sino hacia el espacio donde calculó que estaría si esquivaba en la dirección más lógica dado el ángulo de lanzamiento. Era una apuesta. Una basada en el patrón que había observado durante los últimos minutos de combate, en la comprensión incompleta pero real que había acumulado sobre cómo se movía aquel ser.

El Primordial esquivó en la dirección que Sheijuu había anticipado.

La esfera no lo alcanzó. Pasó a menos de un metro y colapsó contra la roca del planeta con una explosión que levantó una nube de polvo y fragmentos en todas las direcciones, suficiente para interrumpir su visibilidad durante varios segundos. Cuando el polvo comenzó a asentarse, el Primordial estaba a quince metros, completamente intacto, pero con una expresión que había cambiado de forma sutil y definitiva desde el principio del combate.

Ya no era solo evaluación.

Era algo más parecido al interés.

—Interesante —dijo, con la misma voz neutra de antes, abriendo y cerrando el puño de la mano derecha—. No esperaba que un humano pudiera anticipar eso.

—¿Podrías dejar de hablar? —respondió Sheijuu, con la katana en una mano y la Escencia ya cargándose en la otra para el siguiente intento.

—Bien, cómo quieras —respondió el Primordial.

El combate continuó, y con él, un intercambio directo que dejó ambas cosas claras al mismo tiempo: cuánto le faltaba a Sheijuu, y cuánto había conseguido ya. El Primordial cerró la distancia con dos golpes consecutivos, el primero fingido, el segundo real, un patrón que Sheijuu reconoció medio segundo tarde y que absorbió en el hombro en lugar de en la cabeza gracias a un giro reflejo que le costó el equilibrio pero le salvó algo más importante. Cayó, rodó, y usó el impulso del propio giro para incorporarse ya con la katana en posición, cortando en un arco horizontal que obligó al Primordial a retroceder medio paso.

En el instante que se detuvo, el Primordial pareció llegar a una conclusión, porque el siguiente intercambio vino acompañado de algo que no había mostrado antes: variación deliberada. En lugar de repetir el patrón de aparición-golpe-desaparición que Sheijuu había empezado a leer, se detuvo a media distancia, extendió una mano, y una especie de columna formada directamente desde el suelo dio una vuelta alrededor del cuerpo del Primordial antes de salir disparada hacia Sheijuu, demasiado rápida para esquivarla por completo. Sheijuu giró el torso en el último instante, convirtiendo lo que habría sido un impacto directo en el pecho en un roce profundo a lo largo de las costillas, y el dolor que siguió fue de un tipo distinto al de los golpes anteriores, más frío, más húmedo.

—Eso es nuevo —dijo, con la voz tensa por el esfuerzo de mantenerse de pie.

—No para él. Para ti —respondió Majull—. Está dejando de contenerse selectivamente. Cada vez que le sacas algo que no esperaba, responde ampliando el margen en otra dirección. Es una forma de recalibración, igual que la tuya, solo que él tiene mucho más margen del que gastar.

El siguiente golpe llegó directo al pecho, el mismo tipo de impacto que minutos antes lo habría enviado a través de formaciones rocosas. Esta vez, Sheijuu dobló las rodillas en el instante exacto del contacto, dejando que el impulso se disipara a través de las piernas en lugar de acumularse entero en el torso, y el resultado fue un retroceso de varios metros arrastrando los pies sobre la roca, no un vuelo descontrolado terminado contra el suelo. Le costó todo el aire de los pulmones durante un segundo entero. Pero seguía de pie.

El Primordial aprovechó el desequilibrio con un segundo golpe, más bajo, dirigido a las piernas. Sheijuu lo vio venir con el margen justo para levantar la rodilla y absorberlo con el hueso en lugar del músculo, un intercambio que iba a dejarle un moretón del tamaño de un puño pero que no lo derribó. No fue una defensa elegante. No fue siquiera una defensa completa. Pero cada uno de esos golpes que absorbía de pie, comparado con los primeros minutos del combate, era una fracción de segundo de vida que antes no habría tenido.

Aprendía. Más despacio de lo que le habría gustado, a un precio físico más alto de lo que era cómodo pagar, pero aprendía, y esa certeza pesaba tanto como cualquiera de los golpes que había recibido hasta ahora.

Pensó, en algún punto entre dos intercambios, en lo que Kaider habría hecho en su lugar. Probablemente habría intentado terminar esto en los primeros treinta segundos, apostándolo todo a un golpe decisivo antes de que el Primordial terminara de medirlo, y probablemente habría muerto en el intento, porque contra algo que operaba en esa escala de velocidad no existía un golpe lo bastante rápido para llegar primero. No todavía. El método de Sheijuu era más lento, más costoso en dolor acumulado, pero era el único que tenía sentido contra un oponente que necesitaba ser entendido antes de poder ser vencido. No era mejor que el de Kaider en abstracto. Era, simplemente, el único que funcionaba aquí, contra esto, ahora.

Eso no hacía que doliera menos.

Cuando el Ojo del Vacío detectó el siguiente desplazamiento de Escencia, Sheijuu no esquivó ni contraatacó. En cambio, se movió directamente hacia donde el Primordial iba a aparecer, acortando la distancia en lugar de ampliarla, apostando por que la sorpresa del movimiento inesperado valía más que la ventaja posicional que hubiera ganado esquivando.

El Primordial apareció a medio metro de él.

Cerca. Lo bastante cerca para que no hubiera margen de reacción disponible para ninguno de los dos, lo bastante cerca para que lo siguiente que ocurriera dependiera exclusivamente de quién terminara su movimiento una fracción de segundo antes que el otro.

Y por primera vez en todo el combate, fue Sheijuu quien atacó primero.

---

Fin del Capítulo 40.

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