Sheijuu. [Español]

Capitulo 38: La distancia correcta.

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Capítulo 38

La distancia correcta

Sheijuu no siguió la presencia de inmediato.

Eso habría sido el error de alguien más joven, o de alguien que todavía operara con la lógica del ejército, donde la información se convertía en acción sin pausa entre ambas cosas. Dos meses entrenando con Majull le habían enseñado, entre otras cosas, que la prisa era el tipo de ventaja que se le cedía al enemigo sin que este tuviera que pedirla.

En cambio, se quedó suspendido en el espacio entre el planeta gris y la oscuridad que lo rodeaba, y observó.

El Ojo del Vacío se extendió con cuidado, con la misma precisión que Majull le había enseñado a cultivar durante las últimas semanas: no empujando hacia afuera, sino invitando a que la información llegara. La presencia fría estaba a varios sistemas de distancia, moviéndose con una lentitud que no era debilidad sino cálculo. Los Primordiales no tenían prisa porque no necesitaban tenerla. Operaban en escalas de tiempo que hacían que la urgencia humana pareciera un defecto de fabricación.

—¿Hacia dónde va? —preguntó Sheijuu.

—Sigo sin poder determinarlo con exactitud desde aquí —respondió Majull—. Pero la dirección general no ha cambiado desde que lo detectamos. Si mantiene ese rumbo, en algún punto llegará a un sistema con Escencia.

—¿Un planeta habitado? —preguntó, aunque ya sospechaba la respuesta.

—Posiblemente. O uno que tenga condiciones para serlo en el futuro. Los Primordiales no siempre atacan de inmediato. A veces esperan. Vigilan. Evalúan si el planeta ha madurado lo suficiente para que valga la pena el esfuerzo.

Sheijuu procesó aquello. Era la misma lógica de un agricultor esperando a que la fruta alcanzara su punto óptimo, y algo en esa comparación le resultó más perturbadora que cualquier descripción directa de lo que los Primordiales hacían con los planetas que elegían. Una atrocidad ejecutada con paciencia y criterio era, de alguna forma, peor que una ejecutada con furia y sin ningún cálculo detrás.

—Si lo sigo ahora, ¿me detectará?

—Depende de qué tan desarrollados tenga los Ojos Primordiales y de cuánta Escencia uses para moverte. Si viajas en saltos cortos y te mantienes lo suficientemente lejos, probablemente no. Pero "probablemente" es la única garantía que puedo darte.

—Es suficiente —dijo, con más convicción de la que en realidad sentía.

No lo era, en realidad, y ambos lo sabían perfectamente bien. Pero era lo que había, y Sheijuu llevaba suficiente tiempo siendo soldado como para saber que esperar a tener garantías completas era otra forma de no moverse nunca.

Antes de empezar a moverse, sin embargo, dejó que la pregunta más incómoda terminara de formarse.

—Si lo mato, ¿los demás lo van a notar?

—Probablemente no de inmediato. No se comunican entre ellos de la forma en que lo haría un ejército, con órdenes y reportes que alguien pueda interceptar. Pero la ausencia se nota, tarde o temprano, sobre todo si alguien pasaba por este sistema con cierta frecuencia. No sé cuánto tardarían en darse cuenta, ni si les importaría lo suficiente como para venir a averiguar qué pasó.

—¿Y si vienen a averiguarlo?

—Entonces sabrán que existe algo capaz de matar a uno de los suyos. Eso puede ser peligroso para ti. También puede significar que dejen de subestimarte antes de que sea demasiado tarde para que eso te sirva de algo.

Sheijuu consideró aquello sin prisa. La idea de que en algún momento sea el mismo al que persiguen le resultó extraña. No era algo nuevo, Majull le advirtió de esa posibilidad la noche donde decidió cazarlos.

Pensó en cuántos otros planetas como Sadoku existían en algún lugar del espacio, esperando su turno para que algo como lo que dormitaba ahora sobre esa roca muerta decidiera que habían madurado lo suficiente. No estaba peleando por una causa que pudiera nombrar con precisión. Estaba peleando porque la alternativa era no hacer nada mientras algo seguía repitiendo lo que le había quitado a Shaara, una y otra vez, en mundos que nunca conocería y por gente que nunca sabría que había existido la posibilidad de que alguien lo evitara.

Era suficiente razón. No necesitaba ser más grande que eso.

Aun así, quiso tener algo más concreto que una razón antes de moverse.

—Si algo sale mal ahí abajo —dijo—, ¿cómo sabemos que es momento de retirarse en vez de seguir intentando?

—Cuando dejes de aprender de lo que está pasando. Mientras cada golpe te enseñe algo nuevo sobre cómo se mueve, vale la pena quedarse, aunque duela. En el momento en que empieces a repetir los mismos errores sin extraer nada de ellos, ese es el momento de irse, sin importar el orgullo que cueste.

—¿Y si no puedo evaluar eso yo mismo, en mitad de todo?

—Para eso estoy yo. Si veo que ha pasado ese punto, te lo voy a decir, y espero que me escuches aunque cada instinto te diga que sigas.

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—Te escucharé.

—Eso también lo vamos a comprobar ahí abajo.

No era una promesa reconfortante, pero era honesta, y Sheijuu había aprendido a preferir eso sobre casi cualquier otra cosa que Majull pudiera haberle ofrecido en su lugar.

Decidió acercarse, pero con cuidado. No al planeta todavía. Al sistema.

El salto lo depositó entre los restos de lo que había sido un campo de asteroides, piedras de distintos tamaños flotando en órbita irregular alrededor de una estrella enana que apenas calentaba lo suficiente para justificar el nombre. Desde allí, con el Ojo del Vacío extendido al máximo sin forzarlo, podía percibir tanto el planeta muerto como la presencia del Primordial sobre su superficie.

Estaba quieto.

Completamente quieto.

Sentado, sobre la roca sin atmósfera del planeta, mirando hacia ninguna dirección en particular, con la firma de Escencia fría pulsando de forma regular, como el latido de algo que no necesitaba apresurarse porque el tiempo jugaba a su favor de todas formas.

Sheijuu lo observó durante horas.

No por indecisión. Observar al enemigo antes del combate no era prudencia cobarde sino preparación, y que la diferencia entre ambas cosas era simplemente la intención detrás del gesto. Kaider siempre había preferido la acción directa, el golpe antes de que el otro tuviera tiempo de pensar; Sheijuu, en cambio, siempre había sentido que un segundo de información valía más que cinco de velocidad. Era uno de los pocos puntos en los que nunca habían estado de acuerdo, y en aquel momento, observando desde la distancia a una criatura que posiblemente podría haberlo borrado del espacio sin demasiado esfuerzo, tuvo la certeza tranquila de que al menos en esto había tenido razón.

Durante la primera hora, el Primordial no cambió de postura en absoluto. Durante la segunda, se movió una sola vez, un giro mínimo de la cabeza hacia una dirección que no llevaba a ningún lugar evidente, como si algo lejano hubiera captado su atención durante un instante antes de perderla otra vez. Durante la tercera, nada. Sheijuu anotó mentalmente cada detalle sin saber todavía cuál de ellos importaría, porque esa era otra lección de Valthar que nunca había dejado de aplicar: en el momento de la observación, uno no sabe qué información va a salvarle la vida más tarde, así que se guarda todo, sin filtrar, y se confía en que la mente sabrá qué usar cuando llegue el momento.

—¿Siempre se quedan así de quietos? —preguntó, en algún punto de la tercera hora.

—No todos. Depende del temperamento. Este parece de los pacientes. Eso normalmente significa que también es de los que piensan antes de actuar, lo cual puede jugar a tu favor o en tu contra dependiendo de cómo lo abordes.

—¿A favor cómo?

—Los que piensan antes de actuar a veces dudan cuando algo no encaja en lo que esperaban. Los impulsivos no dudan nunca; simplemente reaccionan, y reaccionan bien. Contra un impulsivo, la sorpresa dura medio segundo. Contra alguien que piensa, puede durar más si consigues que la sorpresa sea genuina.

—¿Y en mi contra?

—Que también va a evaluarte con cuidado antes de decidir cómo tratarte. Si algo en cómo te presentas le sugiere que no mereces esfuerzo real, vas a enfrentarte a una versión de él que no está usando ni una fracción de lo que tiene o tal vez con un golpe letal desde el principio. Eso último podría matarte antes de empezar, así que no bajes la guardia.

Era un riesgo que ya había considerado, aunque escucharlo en voz alta desde Majull le daba un peso distinto al que tenía cuando solo era un pensamiento propio. No planeaba disfrazar lo que era ni fingir debilidad para ganar una ventaja momentánea; simplemente no sabía todavía qué versión de sí mismo vería el Primordial cuando finalmente se acercara, y esa incertidumbre, decidió, era una de las pocas cosas sobre las que no valía la pena preocuparse de antemano.

—Cuéntame todo lo que puedas —dijo finalmente.

—¿Sobre él específicamente?

—Sobre lo que ves. Lo que percibes. Lo que tu experiencia te dice sobre alguien que se sienta en un planeta muerto sin hacer nada durante horas.

Majull consideró la petición durante un momento.

—Lleva mucho tiempo vivo —comenzó—. Eso se percibe en la densidad de su Escencia, en la forma en que la lleva. No como algo adquirido recientemente sino como algo que se ha acumulado durante generaciones, consolidado y refinado. No es el más poderoso que existe, pero tampoco es de los más débiles. Está en algún punto intermedio, aunque me parece que está más cerca del extremo débil que del fuerte, lo que en términos prácticos significa que es enormemente peligroso para cualquier ser humano y moderadamente peligroso para alguien con tus características actuales.

—¿Moderadamente?

—No interpretes eso como que será fácil.

—No lo hago.

—Bien. Porque moderadamente peligroso para ti, en este momento, significa que podrías ganar. Significa también que podrías perder. El resultado dependerá de cosas que ninguno de los dos podemos predecir completamente desde aquí.

Sheijuu asintió, aunque no había nadie que pudiera verlo.

—¿Sus técnicas?

—Los Ojos Primordiales son seguros. Casi todos los tienen. Le permitirán ver la Escencia a su alrededor con claridad, percibir tus movimientos, probablemente anticipar algunos. No te subestimes ante eso, pero tampoco lo ignores. Lo que no sé es qué técnicas específicas domina más allá de eso. Cada Primordial tiene sus propios caminos, igual que cada ser humano tiene los suyos.

—¿Cómo sabré cuándo está a punto de atacar en vez de solo moverse?

—No lo sabrás. No con certeza, y no al principio. Los Primordiales no tensan el cuerpo antes de golpear como lo haría un humano. No hay ninguna de esas señales que el ejército te entrenó a leer. Vas a tener que encontrar otra cosa que observar, algo que sea suyo y no prestado de la lógica humana, y eso solo se aprende estando ahí, recibiendo golpes hasta que el patrón empiece a mostrarse.

—Eso suena a que me vas a dejar aprender a base de dolor.

—Va a doler de todas formas, aprendas o no. Prefiero que al menos el dolor sirva para algo.

—Entonces habrá sorpresas.

—Casi con seguridad.

—Bien.

Aquello no era indiferencia. Era simplemente que Sheijuu había aprendido, a lo largo de años de combate, que las sorpresas en una pelea eran inevitables, y que la única respuesta útil ante esa realidad era estar suficientemente presente para adaptarse cuando llegaran, no intentar imaginarlas todas con anticipación.

Pasó el resto de aquel período en los asteroides revisando el equipo en silencio, inmóvil salvo por las manos, con la misma quietud que le exigía no delatar su posición ante algo capaz de percibir cualquier gasto innecesario de Escencia a esa distancia. Repasó la katana centímetro a centímetro, comprobando el filo sin desenvainarla más de lo necesario. Revisó las vendas de ambos brazos, los sellos que llevaba cargados desde hacía semanas para exactamente este tipo de situación, confirmando que ninguno se hubiera desecho durante el viaje. Todo estaba donde debía estar. Todo funcionaba.

Fue un proceso mecánico, casi ritual, el mismo tipo de revisión que había hecho cientos de veces antes de cualquier misión en Valthar, cuando la vida dependía de que ningún detalle quedara sin comprobar. Pero mientras lo hacía, una parte de su mente seguía en otro lugar: en la firma fría que el Ojo del Vacío percibía a la distancia, en la forma en que aquella presencia no cambiaba, no se alteraba, no daba ninguna señal de que supiera que estaba siendo observada.

Pensó, brevemente, en aquella versión anterior de sí mismo. En el hombre que miraba ríos desde las ventanas de un zepelín y no tenía respuesta cuando alguien le preguntaba qué quería hacer cuando terminara la guerra. Aquella falta de respuesta le había pesado en su momento. Ahora la entendía de otra forma: no era vacío, era simplemente que la respuesta correcta todavía no había existido entonces, y no podía existir hasta que ciertas cosas ocurrieran en cierto orden específico.

No le habría gustado ninguna de esas cosas.

Pero aquí estaba de todas formas.

Guardó la katana en su vaina por última vez antes del salto, un gesto pequeño y sin ceremonia que sin embargo marcaba, con más claridad que cualquier palabra, el final de la espera y el comienzo de lo siguiente. No había nada más que revisar. No había ninguna pregunta más que hacerle a Majull que no fuera a responderse sola en los próximos minutos. Solo quedaba el salto, y lo que estuviera esperando al otro lado de él.

—¿Listo? —preguntó Majull, sin añadir nada más a la pregunta.

—Sí.

La Escencia se concentró a su alrededor. El espacio comenzó a doblarse. Y Sheijuu saltó hacia el planeta muerto, dejando el campo de asteroides detrás, con la certeza fría y tranquila de que lo que venía a continuación era el primer paso real de algo que había decidido la noche junto al fuego, meses atrás, cuando respondió con tres palabras a una pregunta que Majull le había hecho con genuina curiosidad y sin ningún juicio.

Enséñame a matarlos.

El planeta apareció debajo de él, más grande de lo que había parecido desde los asteroides, la roca gris extendiéndose en todas direcciones sin una sola línea que rompiera la uniformidad de su muerte. No había ningún lugar en aquella superficie que ofreciera ventaja, ningún terreno que favoreciera a uno sobre el otro, ninguna sombra ni elevación que pudiera usarse como refugio si algo salía mal. Solo espacio abierto y una presencia que ya sabía que él estaba llegando.

Sheijuu descendió sin prisa, dejando que el peso completo de la decisión terminara de asentarse en el mismo tiempo que tardaba en llegar al suelo.

Y sobre su superficie, la presencia fría levantó la vista.

---

Fin del Capítulo 38.

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