Sheijuu. [Español]

Capitulo 33: El dolor en el fuego.

  • Next Chapter

# Capítulo 33

## El dolor en el fuego

—Quiero intentar algo.

Lo dijo al noveno día, mientras observaba uno de los ríos de lava más estrechos que había encontrado, apenas unos metros de ancho, fluyendo entre dos paredes de roca negra con una lentitud pesada. La superficie era brillante, casi líquida, y pequeñas burbujas de gas estallaban en su superficie con un sonido sordo y constante. El calor que despedía era tan intenso que incluso a varios metros de distancia, Sheijuu sentía cómo la piel de su rostro se tensaba y se secaba con cada segundo que pasaba mirándolo.

—¿Qué tipo de algo?

—Quiero saber cuánto puedo acercarme a esto sin que mi cuerpo sufra daño real. Sin curarme después con Escencia. Solo resistiendo.

Majull guardó silencio un momento, sopesando la propuesta. Sheijuu notó que el guardián estaba evaluando el riesgo con más cuidado del habitual, como si estuviera calculando algo que no podía expresar con palabras.

—Eso podría matarte, si te equivocas en el cálculo.

—Lo sé.

—¿Y aun así quieres hacerlo?

Sheijuu observó el calor que distorsionaba el aire sobre el río de lava, ondulando la visión del paisaje al otro lado como si la realidad misma temblara ante la proximidad del fuego. Las ondas de calor se elevaban en espirales invisibles, haciendo que las rocas al otro lado del río parecieran moverse lentamente, aunque estaban completamente quietas.

—Necesito saber mis límites reales. No los que tengo gracias a ti, gracias a la regeneración, gracias a la Escencia que puedo invocar en cualquier momento. Los míos. Los que tendría si, por alguna razón, no pudiera usar nada de eso. Si algún día me encuentro en una situación donde no pueda depender de la fusión, necesito saber qué va a quedar de mí.

—¿Por qué te importa eso ahora?

La pregunta era justa. Sheijuu la pensó con cuidado antes de responder, sintiendo el calor en sus manos mientras las extendía ligeramente hacia el río.

—Porque cada vez que algo se vuelve difícil, recurro a ti. A tu fuerza, a tu resistencia. Y empiezo a preguntarme si todavía queda algo de Sheijuu capaz de sobrevivir sin depender de eso. No quiero ser solo un recipiente para tu poder. Quiero saber que, si todo desaparece, todavía puedo sostenerme por mí mismo.

—Eso no va a desaparecer. Ya te lo dije. No soy algo que puedas perder como una espada, o una técnica que olvidas con el tiempo.

—Lo sé. Pero tampoco es lo mismo saberlo que sentirlo. Puedes decirme mil veces que somos lo mismo ahora, y aun así, cuando cierro los ojos, sigo sintiendo que hay un Sheijuu debajo de todo esto. Uno que existía antes de que aparecieras. Y necesito saber si ese Sheijuu todavía puede valerse por sí mismo, o si ya se disolvió sin que me diera cuenta.

—¿Y crees que un río de lava te va a dar esa respuesta?

—No la respuesta completa. Pero sí una parte de ella.

Majull no respondió de inmediato. Cuando lo hizo, su voz tenía un tono diferente, más reflexivo.

—Es una pregunta peligrosa de querer responder en un planeta que puede derretirte la piel en segundos.

—Lo sé.

—Pero entiendo por qué quieres hacerlo.

Aquello fue, en cierto modo, el permiso que Sheijuu necesitaba, aunque no lo hubiera pedido directamente. Se quitó la capa, dejándola sobre una roca cercana, y se acercó al borde del río de lava con una cautela calculada, sintiendo cómo el calor aumentaba con cada paso hasta volverse casi insoportable contra su piel descubierta. Los brazos, los hombros, el rostro: todo comenzaba a sentir la presión del calor mucho antes de que la distancia fuera realmente peligrosa.

—Voy a contarte exactamente cuándo se vuelve real el peligro —dijo Majull—. Cuando lo haga, debes retirarte de inmediato, sin discutir.

—Acordado.

Extendió una mano hacia el calor, sintiendo cómo el aire mismo parecía querer empujarlo hacia atrás, una resistencia invisible que se intensificaba cuanto más se acercaba. El dolor comenzó siendo un cosquilleo, apenas perceptible, pero fue creciendo con cada segundo, volviéndose más insistente, más agudo.

Los primeros segundos fueron soportables. Incómodos, pero soportables, el tipo de calor que recordaba de los veranos más intensos en Sadoku, multiplicado varias veces. Después empezó a doler. No de inmediato, ni de forma dramática, sino como un dolor que se acumulaba lentamente en la piel expuesta, un ardor sordo que crecía segundo a segundo mientras Sheijuu mantenía la posición, decidido a comprobar exactamente dónde estaba el límite entre lo soportable y lo destructivo.

El sudor se evaporaba de su piel casi al instante, dejando una sensación de sequedad que se extendía desde su rostro hasta su cuello. Sus ojos empezaron a llorar por el calor seco, y cada respiración le quemaba ligeramente la garganta, como si estuviera tragando aire directamente de un horno. Apretó los dientes, resistiendo el impulso de retroceder, contando mentalmente los segundos como si eso pudiera convertir el dolor en algo más manejable, algo con un final previsible.

—Esto ya empieza a ser real —advirtió Majull.

A case of content theft: this narrative is not rightfully on Amazon; if you spot it, report the violation.

—Un poco más.

—Sheijuu.

—Un poco más.

El dolor se intensificó hasta volverse insistente, urgente, el tipo de señal que cualquier cuerpo humano normal habría obedecido de inmediato, retirándose por puro instinto de supervivencia. Cada terminación nerviosa de su brazo parecía gritar al mismo tiempo, una alarma que su mente, empeñada en obtener una respuesta, se negaba a escuchar del todo. Sheijuu se obligó a permanecer un segundo más. Solo uno. Sintió la piel de su antebrazo empezar a ampollarse, y el olor de su propia carne quemada llegó a sus fosas nasales antes de que pudiera reaccionar. Entonces retrocedió, alejándose del borde del río con pasos rápidos, sintiendo cómo la piel de su brazo, enrojecida, comenzaba a formar pequeñas ampollas allí donde el calor había sido más intenso.

—Eso fue innecesario —dijo Majull, con un tono que mezclaba preocupación genuina y cierta exasperación.

—Necesitaba el dato.

—¿Y cuál es el dato?

Sheijuu observó su brazo dañado, sintiendo el dolor pulsante de las quemaduras menores, un dolor real, sin atajos, sin la curación instantánea que normalmente invocaría sin pensarlo dos veces. La piel estaba enrojecida y sensible al tacto, con pequeñas ampollas que empezaban a formarse en la superficie. Era un dolor familiar, de los que había sentido antes, en los entrenamientos duros, en las batallas donde la Escencia no era suficiente. Pero hacía tiempo que no lo sentía sin la certeza de que desaparecería en segundos.

—Que puedo resistir más de lo que un humano normal podría. Pero no infinitamente más. Y que ese límite, sin tu ayuda, sin la fusión completa, sigue siendo considerablemente más bajo de lo que me gustaría admitir.

—¿Eso te tranquiliza o te preocupa?

Lo pensó con honestidad, mientras el dolor seguía latiendo en su brazo.

—Ambas cosas, en realidad.

Decidió no curar las quemaduras de inmediato. Las dejó allí, doliendo, durante el resto del día, como un recordatorio físico de que, debajo de todo el poder acumulado desde la fusión, seguía existiendo un cuerpo humano con límites concretos, reales, que ninguna cantidad de Escencia podía borrar completamente sin que él mismo decidiera invocarlo. Cada vez que el dolor se intensificaba, lo sentía como una confirmación de que todavía era humano, de que todavía podía sentir, de que todavía podía recordar lo que era ser frágil.

Caminó de regreso hacia su campamento improvisado sin prisa, dejando que el dolor lo acompañara a cada paso, como una compañía incómoda pero honesta. El paisaje, a esa hora, adquiría un color distinto, los ríos de lava reflejando una luz más anaranjada bajo un cielo que empezaba a oscurecerse hacia el este, mientras el oeste seguía iluminado por el resplandor constante de la actividad volcánica. Sheijuu se sorprendió mirando su propio brazo herido con algo parecido a la satisfacción, un sentimiento extraño que no supo bien cómo nombrar.

—¿En qué piensas? —preguntó Majull, notando el silencio prolongado.

—En que me pareció que hacía mucho no sentía algo así. Sin poder deshacerlo con un pensamiento. Aunque solo llevemos unos meses en esto.

—¿Y te gusta?

—No sé si es la palabra correcta. Pero se siente honesto.

Majull no respondió a eso, dejando que el silencio se extendiera mientras Sheijuu continuaba caminando entre las rocas negras, con el dolor de su brazo marcando el ritmo de cada paso como un metrónomo desagradable pero, de alguna forma, reconfortante.

Fue durante la tarde, mientras caminaba de regreso hacia su campamento improvisado junto a la grieta de los insectos volcánicos, cuando el suelo comenzó a temblar. No con la intensidad de un terremoto mayor, pero suficiente para que las rocas a su alrededor crujieran, y para que, a lo lejos, una de las montañas truncadas liberara una columna repentina de ceniza y fragmentos incandescentes hacia el cielo. El sonido llegó después, un rugido profundo que pareció sacudir el aire mismo.

—Erupción —dijo Majull, con la calma de quien ha visto demasiadas de estas para alarmarse fácilmente—. Menor. Localizada.

—¿Debería preocuparme?

—Solo si decides quedarte exactamente debajo de donde están cayendo los fragmentos.

Sheijuu observó la trayectoria de las rocas incandescentes que la erupción lanzaba hacia el cielo, calculando ángulos, velocidades, el punto exacto donde caerían. Una de ellas, del tamaño de su cabeza, describía un arco que parecía dirigirse directamente hacia su posición. No era una amenaza inmediata—todavía estaba a varios segundos de distancia—pero la trayectoria era clara.

Aún así, en lugar de simplemente alejarse, decidió quedarse a observar, calculando con precisión cada fragmento que ascendía y caía, evaluando si, con sus quemaduras todavía sin curar, sería capaz de esquivar el proyectil incandescente usando solo reflejos puramente físicos, sin ayuda adicional de Escencia.

—Sheijuu.

—Lo veo.

Esperó. Calculando. Hasta el último instante posible. Sintió el calor del fragmento en su rostro, el viento que precedía a su impacto, y entonces se apartó, rodando sobre la roca caliente, sintiendo el calor del fragmento pasar a centímetros de su cuerpo antes de impactar contra el suelo con un estruendo seco, fragmentándose en pedazos más pequeños que rodaron varios metros más allá. El impacto levantó una nube de polvo y ceniza, y el olor a roca quemada se mezcló con el de su propia piel chamuscada.

Se quedó tendido sobre la roca un momento, respirando con dificultad, sintiendo el dolor de las quemaduras anteriores combinado ahora con el esfuerzo físico repentino. El brazo quemado le dolía más, y sentía que la respiración le costaba más de lo normal. Pero estaba vivo, y se había movido sin usar Escencia.

—¿Satisfecho? —preguntó Majull, con un tono que no ocultaba del todo cierta diversión.

—Todavía puedo reaccionar sin depender completamente de ti.

—Nunca dudé de eso.

—Yo sí, a veces.

Aquella confesión, simple y directa, quedó suspendida en el aire caliente del planeta mientras la erupción menor continuaba su actividad a lo lejos, indiferente por completo a la pequeña prueba que Sheijuu acababa de imponerse a sí mismo. Las cenizas caían lentamente sobre el paisaje, cubriendo las rocas con una capa gris que se mezclaba con el negro de la lava solidificada.

Esa noche, finalmente, permitió que la Escencia curara las quemaduras de su brazo, sintiendo el dolor desaparecer gradualmente bajo el calor familiar y controlado de su propia energía. La piel se regeneró, las ampollas se secaron, el brazo, su rostro y su cuerpo volvieron a su estado normal. Pero el recuerdo de aquel dolor real, sin atajos, se quedó con él de una forma que ninguna curación podría borrar completamente.

Se quedó sentado un rato más, observando su propio brazo ya sano, flexionando los dedos sin encontrar ni rastro del daño que apenas minutos antes le había arrancado un grito contenido entre los dientes. Había algo casi injusto en la facilidad con la que todo volvía a la normalidad, en lo rápido que el cuerpo olvidaba lo que la mente insistía en recordar. Pero por primera vez en semanas, no sintió que aquella facilidad fuera motivo de alarma. Había elegido sentir el dolor completo, sin atajos, y esa elección, por pequeña que pareciera, era suya. Nadie se la había dado. Nadie se la podía quitar.

—Es increíble lo rápido que me adapté a esto.

—¿Al calor del planeta? —preguntó Majull.

—A ti. A tu presencia. A tu poder. Ahora me cuesta imaginar algo diferente.

—Bueno, quizás seamos compatibles. A ti te gusta observar estos mundos igual que a mí. Aunque eres bastante poco expresivo.

—Estoy hablando bastante, creo yo. Antes no hablaba tanto.

—Hablas, sí, pero no es ni la mitad de lo que sientes.

—¿Ahora puedes sentir mis sentimientos?

—Aunque no lo creas, sí. Estoy empezando a «sentir» lo que sientes.

—¿Es en serio?

—¿Cuándo te he mentido yo? —dijo Majull, con un tono sarcástico, aunque nunca había mentido en realidad. Al menos no que Sheijuu lo hubiera descubierto.

—¡¿Qué?! ¿Pero desde cuándo? —Sheijuu alzó un poco la voz, y algunos de los bichos cercanos salieron corriendo. Él se detuvo en seco.

—Desde hace pocos días, de hecho. Empezaba a sentir un par de cosas raras que no sabía de dónde venían...

No alcanzó a terminar lo que estaba diciendo.

—Majull. ¿Qué demonios? ¿Cuándo pensabas decírmelo?

—Un día de estos, en serio. Estaba asegurándome de que no fuera nada raro. Algún desbalance, o algo así.

Sheijuu se llevó ambas manos al rostro, estirándose la piel hacia abajo con un gesto de puro agotamiento, como si intentara arrancarse la expresión de la cara junto con la poca paciencia que le quedaba.

—¿Y cómo es que yo no siento nada?

—¿Por qué quieres saber cómo me siento?

—No me cambies de tema.

—Bueno, realmente no lo sé. Tal vez más adelante, cuando la fusión avance más.

Un largo suspiro de parte de Sheijuu, seguido de un silencio todavía más largo.

De una grieta a una decena de metros, salió una columna de vapor que hizo volar a un par de bichos que no estaban bien sujetos al suelo. Sus cuerpos, protegidos por el caparazón, produjeron un sonido hueco con eco cada vez que chocaban contra la roca.

—Majull. La próxima vez que ocurra un cambio importante como este, me lo dices. Sin excepción.

—Sí...

—¡Majull!

—Que sí. Lo prometo.

Sheijuu retomó el paso después de un momento. Dio un salto amplio para cruzar una grieta ancha en medio del camino, aterrizando limpiamente al otro lado. El suelo, negro y chamuscado, dejó sus botas cubiertas de un polvo fino con brillo mineral.

Una tormenta de cenizas, con relámpagos grises y violáceos, se formaba a la distancia, detrás de unas montañas. Lo bastante lejos como para que el sonido de los truenos llegara apagado, con un retraso de más de treinta segundos. Dentro de ella, la violencia con la que se movían las rocas, casi en horizontal y en múltiples direcciones a la vez, hacía que al chocar entre sí soltaran chispas lo bastante grandes, lo bastante espectaculares, como para convertir todo el evento en algo digno de observar. De no ser por lo letal de aquel espectáculo.

Sheijuu continuó su camino.

—Mañana seguimos —dijo, mirando el cielo cubierto de ceniza que empezaba a despejarse lentamente sobre su cabeza, desplazándose poco a poco en dirección a la tormenta que se formaba a cientos de kilómetros de distancia.

—Lo sé —respondió Majull, con algo parecido a la resignación tranquila de quien ya conoce la respuesta antes de escucharla.

---

**Fin del Capítulo 33.**

If you find any errors (non-standard content, ads redirect, broken links, etc..), Please let us know so we can fix it as soon as possible.

Report

Use arrow keys (or A / D) to PREV/NEXT chapter