Sheijuu. [Español]

Capitulo 29: Colores que no le pertenecen a nadie.

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# Capítulo 29

## Colores que no le pertenecen a nadie

Lo notó por primera vez al anochecer del quinto día. El agua, cerca de la orilla de la isla donde había decidido acampar, comenzó a brillar. No con la luz reflejada de las estrellas, no con el destello de la luna sobre la superficie. Con luz propia.

Sheijuu se acercó, descalzo, sintiendo la arena fría bajo sus pies—una arena más fina aquí, más blanca, con pequeños fragmentos de concha triturada que se pegaban a la piel húmeda—y se detuvo justo donde el mar comenzaba, donde las pequeñas olas lamían la orilla con un susurro constante y rítmico. Con sus ojos normales —los que alguna vez había tenido, antes de todo lo demás— probablemente habría visto solo agua oscura, quizás algún reflejo tenue de luna. Pero el Ojo del Vacío no veía solo agua oscura.

Veía corrientes de Escencia ambiental, finísimas, entrelazándose bajo la superficie como hilos de luz violeta y dorada, generadas por miles de organismos diminutos que liberaban energía residual con cada movimiento. El fenómeno se extendía a lo largo de toda la bahía, pulsando levemente con cada ola, como si el océano entero respirara con una luz que solo él podía presenciar. Las corrientes se movían en patrones complejos, algunas girando en espirales lentas, otras estirándose en líneas rectas que se perdían en la oscuridad más allá del alcance de su vista. Cuando dos corrientes se encontraban, se mezclaban brevemente, creando destellos de colores que no tenía nombre para describir.

—Esto es...

No encontró la palabra.

—Hermoso —completó Majull, sin que Sheijuu se lo pidiera. Su voz tenía un tono diferente, más suave, como si también estuviera contemplando algo que llevaba mucho tiempo sin ver.

—Sí.

Permaneció allí durante mucho tiempo, observando cómo los patrones de luz se desplazaban con la corriente, formando espirales que se deshacían y volvían a formarse, en un ciclo que probablemente llevaba ocurriendo en aquel planeta desde mucho antes de que cualquier ser pensante pusiera un pie en sus playas. A veces, un pez pequeño atravesaba una de las corrientes, y la luz se arremolinaba brevemente a su alrededor, como si el propio animal estuviera hecho del mismo material que el brillo.

—¿Nadie más puede ver esto? —pregunto finalmente, casi para sí mismo.

—No con ojos normales.

Hubo un silencio breve.

—Solo nosotros —dijo Majull.

Aquellas palabras, minúsculas, casi insignificantes, se quedaron flotando en el aire de la misma forma en que flotaba la luz sobre el agua. Sheijuu se sentó sobre la arena, sintiendo la textura fresca y granulada bajo sus piernas, sin apartar la vista del fenómeno. Las olas seguían llegando, cada una trayendo nuevas formas de luz que se deshacían al tocar la orilla, como si el mar estuviera dibujando algo que solo él podía ver y luego borrándolo, una y otra vez.

—¿Sabes lo que más me inquieta de todo esto? —preguntó, después de un rato largo.

—Dime.

—Que no sé si esto me parece hermoso porque yo, Sheijuu, lo encuentro hermoso. O porque tú lo encuentras hermoso, y yo simplemente heredé esa sensación sin darme cuenta. —Hizo una pausa, observando cómo una de las espirales se deshacía lentamente—. Cuando veo algo así, cuando siento que es hermoso, no puedo saber si es mi reacción o si es la tuya que se filtra en mí.

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Majull no respondió enseguida. Sheijuu notó que el guardián estaba pensando la respuesta con cuidado, como hacía siempre que la pregunta merecía más que una respuesta inmediata.

—Es una pregunta razonable —dijo finalmente.

—No es una respuesta.

—No tengo una respuesta clara que darte. Pero tengo algo que decir al respecto.

—Dilo.

—Si la sensación fuera solo mía, no la sentirías con tanta intensidad. Si fuera solo tuya, no te preguntarías de quién es. —Majull hizo una pausa—. Quizás la respuesta correcta es que la sensación no es de ninguno de los dos. Es de nosotros. De lo que hemos llegado a ser juntos.

Sheijuu se quedó en silencio, procesando aquello. No era una respuesta que lo tranquilizara, pero tampoco era una que pudiera descartar fácilmente. Miró sus propias manos, las vendas, los sellos que había aprendido a cargar con tanta precisión durante meses de entrenamiento. Las mismas manos que habían matado a un Primordial. Las mismas manos que ahora se preguntaban si el asombro que sentían era realmente suyo.

—Antes de todo esto —continuó, casi sin darse cuenta de que estaba hablando en voz alta—, antes de ti, yo me detenía a mirar las cosas algunas veces. Pero entrenaba. Cumplía órdenes. Sobrevivía. Y nunca había tiempo. Estaba siempre demasiado cansado.

—Tus circunstancias cambiaron. Y tu también —dijo Majull.

—La gente cambia con el tiempo, con la experiencia, con lo que vive. Pero esto es distinto. Esto se sintió como un interruptor. Un día simplemente empecé a ver el mundo distinto, a notar cosas que antes ni siquiera registraba, y nunca pude estar completamente seguro de si ese cambio vino de mí mismo, creciendo, o de ti, filtrándote en cada pensamiento que tengo desde que nos fusionamos. Antes no veía estos colores.

El sonido de las olas llenó el silencio que siguió. Sheijuu notó que una brisa suave había empezado a moverse desde el mar, trayendo consigo un olor a sal y a algo más profundo, más antiguo, como si el océano estuviera exhalando un aliento que llevaba millones de años acumulándose.

—¿Te molesta no saberlo? —preguntó finalmente Majull.

Sheijuu lo pensó con una honestidad poco habitual incluso para él mismo.

—A veces. Otras veces simplemente lo acepto, porque pelear contra esa duda no cambia nada. Seguiré viendo lo que veo, sintiendo lo que siento, sin importar de dónde venga exactamente cada pensamiento. Al final, lo que siento sigue siendo lo que siento.

—Quizás esa es la única respuesta honesta que existe.

—¿Cuál?

—Que ya no hay una línea limpia entre los dos. Hace tiempo que dejó de haberla. Y tal vez nunca la hubo realmente, ni siquiera al principio.

Sheijuu no respondió a eso de inmediato. La idea de que nunca hubo una línea clara entre ellos, incluso antes de la fusión, era extraña. Pero también había algo en ella que se sentía correcto, de una forma que no podía explicar con palabras.

Se quedó mirando el agua un rato más, dejando que las espirales de luz se movieran a su propio ritmo, sin exigirle nada. Y pensó que quizás no necesitaba saber de quién era aquella sensación. Quizás solo necesitaba sentirla.

—¿Sabes qué es extraño? —dijo finalmente, rompiendo el silencio.

—Dime.

—Que si pudiera elegir entre recuperar la certeza de saber exactamente qué pensamientos son míos, y perder la capacidad de ver esto...

Señaló con la mano hacia la bahía entera, hacia las espirales de luz violeta y dorada que seguían danzando bajo la superficie, un espectáculo que ningún otro ser humano en el universo podría presenciar jamás.

—No estoy seguro de qué elegiría.

Majull no dijo nada más. Y Sheijuu permaneció allí, sentado en la arena, observando algo que solo él y Majull podían ver, hasta que la luz comenzó a desvanecerse lentamente con la llegada del amanecer, cuando las primeras estrellas empezaron a palidecer y el mar se volvió un espejo gris bajo el cielo que se aclaraba.

Cuando finalmente se levantó, la arena estaba fría bajo sus pies, y el viento de la mañana le trajo el olor a mar y a algo nuevo, algo que no había notado antes: un aroma dulce, parecido a flores que no conocía, que venía de algún lugar más adentro de la isla. Decidió que, antes de irse, exploraría ese olor. Pero por ahora, se quedó un momento más, escuchando el sonido de las olas.

Fin del Capítulo 29

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